La malaria y el primer tinte sintético de la historia

Un estudiante de química, William Perkin, que con sus investigaciones buscaba ayudar a las tropas británicas a hacer frente a la malaria a finales de s. XIX. en plena época de colonialismo, cuando el imperio inglés no dejaba de crecer hacia las zonas tropicales, por lo que cada vez más soldados contraían la enfermedad. El remedio que se usaba, la quinina, era muy cara, por lo que se precisaba una alternativa sintética más asequible. Tras varios intentos fallidos, decidió partir de un compuesto conocido como anilina. En lugar de hallar la solución, se encontró con una especie de polvillo morado que había teñido el tubo de ensayo y su propia ropa. Además, no se quitaba. Sin pretenderlo, había creado el primer tinte sintético de la historia.

En un momento de lucidez, Perkin se dio cuenta de que podía sustituir los efímeros tintes naturales de plantas y moluscos que se llevaban usando desde la época romana para servir a una industria incipiente.