La gripe española de 1918

El inicio oficial de la gripe española se suele fechar el 4 de marzo de 1918, en la base de Fort Riley, en Funston (Kansas). Sin embargo, es difícil asegurar quien fue el ‘paciente cero’ de la pandemia. De hecho, la enfermedad pudo llegar al campo militar traída por unos reclutas que trabajaban en una granja en la cercana Haskell County, donde pudo haber habido casos el mes anterior. Quienes apoyan la hipótesis del origen estadounidense consideran que llegó a Europa en los barcos militares que desplazaban soldados hasta Francia. De hecho, Francia es efectivamente el primer país de Europa donde se manifestó de forma clara la epidemia. En todo caso, la primera oleada no preocupó, hasta el punto de que se la llamó la gripe de los tres días. Sin embargo, a final del verano, una segunda oleada apareció simultáneamente en varios continentes y cosechó millones de muertos. En invierno siguió una tercera, menos intensa, que fue seguida por otras, en 1919 y 1920, cuya relación con la gripe española se cuestiona.

Sin embargo, la teoría del origen americano está fuertemente cuestionada desde hace años. Investigadores como el virólogo John Oxford, de la Queen Mary University de Londres, observaron que hubo casos de neumonía bacteriana un año antes (en el invierno entre 1916 y 1917) en el norte de Francia, en la base militar británica de Étaples. Aquí se hacinaban decenas de miles de soldados, cerca de una zona de migración de aves acuáticas y en presencia de cerdos y otros animales para su avituallamiento. «La neumonía producía cianosis, una coloración azulada de la piel, que también es característica de la gripe española: ¿puede ser que fuera la misma enfermedad?«, dice Mark Honigsbaum. Este historiador cita también unos brotes muy virulentos ocurridos en junio de 1918 en Copenhague y otras ciudades nórdicas. El virus de la segunda oleada podría haber estado circulando por Europa y haber viajado en la dirección opuesta a la versión tradicional: de Europa a Estados Unidos.

Algunos países asiáticos, como China, son focos de nuevos virus, especialmente de la gripe. Por razones naturales y sociales, en estos países hay la mayor concentración de aves acuáticas, cerdos y humanos. Las aves son el reservorio natural de la gripe, los cerdos facilitan su mutación a variantes humanas y el hacinamiento de personas contribuye al contagio. ¿Salió de China también la gripe española? Hay elementos sugerentes. Tanto en Funston como en Étaple había trabajadores chinos, que estuvieron entre los primeros afectados. «China era neutral, pero quería estar en la mesa de la paz por razones geoestratégicas, y por eso envió muchos trabajadores a la retaguarda de los aliados«, explica la periodista Laura Spinney. Otra historia sospechosa es la de la neumonía de los annamitas: así se llamaban las tropas de la antigua Indochina francesa (sudeste asiático), desplazadas a Europa. Entre ellas se difundió una extraña neumonía, entre 1916 y 1918, que podría haber sido precursora de la gripe española.

Las tres olas de la gripe española fueron muy distintas en cuanto a letalidad, y además se sucedieron a gran velocidad una tras otra. Esto plantea una sospecha: ¿eran realmente la misma enfermedad o varias que coincidieron en el tiempo? En la pandemia de gripe anterior, la rusa, se sucedieron tres oleadas también, aunque mucho más distanciadas: en 1889, 1891 y 1892. El virus necesita tiempo para mutar y es extraño que la variante suave de la primavera se convirtiera en un asesino de masas a final del verano. Asimismo, no se explica como pudo aparecer en continentes distintos a la vez, tanto en primavera como a final del verano. «Es uno de los mayores misterios de la gripe española. ¿Por qué apareció simultáneamente? No había aviones, se tardaba semanas en cruzar el océano.«, afirma el historiador Anton Erkoreka. El misterio se solucionaría si se encontraran más tejidos de personas afectadas. Sin embargo, de momento se ha encontrado el mismo virus en todas las (pocas) muestras disponibles.