Fiebre Q. Los doctores Cox y Burnet

En agosto de 1935, Edward Holbrook Derrick, director del laboratorio de microbiología y patología del Departamento de Salud de Queensland (Australia), recibió el encargo de investigar el brote de una enfermedad febril entre los trabajadores de los mataderos en Brisbane.

La enfermedad recibió el nombre de «Q» por «query». Derrick inoculó cobayas con la sangre y orina de los pacientes enfermos, generando en ellos la enfermedad. Sin embargo, no fue capaz de aislar el agente, y decidió enviar el emulsionado de los hígados de los animales infectados a Macfarlane Burnet en Melbourne.

Burnet junto con Mavis Freeman, lograron reproducir la enfermedad en conejos, ratas y monos, logrando observar en las células del bazo de ratones, vacuolas repletas de microorganismos con forma de bastones parecidos a las Rickettsias.

Paralelamente, Gordon Davis, médico del Laboratorio de las Montañas Rocosas en Montana (Estados Unidos), trabajaba en los posibles vectores de la fiebre de las Montañas Rocosas y de la tularemia. Davis estudiaba garrapatas procedentes del riachuelo Nine Mile, afluente del río Clark Fork, que se suponía tenían el agente de dichas enfermedades y las alimentó con conejillos de Indias, los cuales enfermaron. Sin embargo, la enfermedad que presentaron no se parecía a la fiebre de las Montañas Rocosas.

En 1936, Herald Rea Cox, se unió al trabajo de Davis para caracterizar la enfermedad que denominaron «fiebre del Nine Mile». Davis y Cox, al igual que Burnet y Freeman, demostraron que el agente etiológico tenía propiedades tanto de virus como de rickettsias. En mayo de 1938, Rolla Eugene Dyer, director del Instituto Nacional de Salud, visitó a Cox en Montana verificar el informe por el que Cox indicaba la propagación de este agente en huevos embrionados. Diez días después de su visita, Dyer presentó un cuadro febril similar a la fiebre Q, permitiendo en ese momento relacionar este cuadro con la enfermedad descrita en Australia.

La inoculación con la sangre de Dyer en conejillos de Indias, provocó en ellos la enfermedad y en sus bazos se encontró el agente de Nine Mile. En abril de 1938, Burnet envió a Dyer bazos de ratones infectados con la fiebre Q, cuyo agente resultó ser idéntico al agente Nine Mile.

Cox denominó el agente Nine Mile como Rickettsia diaporica (diapórica hace referencia a la propiedad de estos microorganismos de pasar a través de los filtros). Por otro lado, Derrick propuso el nombre de Rickettsia burnetti, en honor a Burnet.

En 1948 Cornelius B. Philip, investigador del Laboratorio de las Montañas Rocosas, propuso la denominación Coxiela burnetii, ya que es un microorganismo único entre las Rickettsias, y permitía al mismo tiempo reconocer a sus dos descubridores, tanto Cox como Burnet.