Noviembre 2019. Manifestaciones en Chile y traumatismos oculares

Desde el 18 de octubre de 2019 se ha producido un aumento significativo de los casos de traumatimos oculares en Chile coincidiendo con las manifestaciones y el decreto de estado de emergencia en varias regiones del país.

En el Hospital del Salvador, centro de referencia de trauma ocular a nivel público nacional, se han evaluado 211 pacientes con trauma ocular severo. La edad promedio fue de 29,9 años, la mayoría hombres. 39 pacientes presentaron traumatismo ocular con globo abierto (estallido ocular o herida penetrante ocular), siendo el principal mecanismo de acción las heridas por proyectiles de goma. 33 pacientes sufrieron pérdida total de la visión del ojo afectado. El 47,9% presentó disminución severa de la visión.

La Sociedad Chilena de Oftalmología además ha confirmado otros 74 casos en otros centros de atención.

Los traumas oculares plantean un problema de salud global significativo, siendo, en algunas series, la causa principal de ceguera monocular.

Los balones de goma fueron usados por primera vez por las fuerzas británicas en Irlanda en 1970. Estos proyectiles son utilizados con el fin de infligir lesiones superficiales y, por ende, disuadir a manifestantes de continuar con actividades hostiles, evitando lesiones graves y muertes que pudiesen surgir con el uso de armas de fuego convencionales.

Aunque son diseñadas para evitar lesiones severas y fatales, el uso de proyectiles de plástico y goma han resultado en un gran número de lesiones penetrantes y muertes, principalmente por trauma en cabeza, cuello y dorso.

En Jerusalén y Gaza, entre los años 1987 y 1993, las lesiones provocadas por balines de plástico o goma fueron la principal causa de ceguera y enucleación, observándose un incremento en la morbilidad de las lesiones por los prolongados tiempos de evacuación debido a los toques de queda.

Los balines extraídos son de aproximadamente 8 mm de diámetro, de color negro y que a la inspección inicial impresionan ser de goma. La recomendación del fabricante consiste en disparar desde la cintura hacia abajo a más de 30 metros de distancia, pero la inexactitud del trayecto de estos proyectiles hace que sea difícil o imposible evitar golpear la cara, la cabeza o el dorso.

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