La malaria por Plasmodium vivax llegó a América desde Europa

Un equipo de investigadores acaba de publicar un estudio en el que encuentra similitudes entre el genoma del parásito de la malaria Plasmodium vivax, erradicada en Europa hace 75 años, y la que aún existe en algunos países de América Latina en la actualidad.

El objetivo del estudio era comparar cepas antiguas y actuales de malaria para investigar las causas de la resistencia a los tratamientos.

A través de unas muestras de sangre de un microscopio usadas en 1944 en España se desveló la secuencia del genoma del parásito. Se analizó el portaobjetos de un microscopio de la década de 1940. El portaobjetos se utilizó para diagnosticar pacientes que sufrían malaria en la zona del Delta del Ebro, donde esta patología fue común hasta 1960.

Comparando los datos genéticos de los portaobjetos con los datos del genoma actual de P. vivax, se encontró que los parásitos de la malaria europea erradicada eran genéticamente similares al parásito de las muestras de malaria que se encuentran actualmente en Sudamérica, incluyendo países como México, Brasil y Perú.

Esta circunstancia establece relaciones históricas de propagación de la enfermedad entre estos continentes, que se remontan a la época colonial. Analizar las muestras históricas también permitió estimar las tasas de mutación, lo que ayudó a deducir la época en que la cepa antigua del parásito de la malaria se separó de la otra. En este sentido, se estimó que el último antecesor común entre la malaria europea y la que aún existe en América existió en el siglo XV.

Esta divergencia está en línea con el colonialismo europeo, que introdujo la malaria en América, lo que las poblaciones indígenas de América no estaban infectadas antes de su contacto con los europeos. No hay una prueba fiable de la existencia de malaria en América antes del período de colonización, pero hay datos históricos de malaria en Europa desde tiempos de la Grecia clásica.

Se podría situar la fecha de propagación de la enfermedad en América hacia el siglo XV, lo que claramente señala una introducción de la enfermedad posterior al contacto europeo.

También se pudo detectar cómo los agentes infecciosos de la enfermedad pueden desarrollar resistencia a los tratamientos. Se reveló que la malaria de la muestra de la década de 1940 ya tenía algunas mutaciones genéticas conocidas por conferir resistencia a los fármacos contra la malaria actuales, pese a que estos no se usaban en aquella época.

Los descubrimientos apuntan que el potencial de la resistencia a fármacos actual podría existir ya en algunas cepas de malaria del pasado, probablemente debido al uso histórico de la quinina (que se ha usado para combatir la malaria, tal y como otros tratamientos), lo que permite al parásito evadir medicaciones modernas poco después de su lanzamiento.

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