¿Cómo de protegidos estamos una vez que tenemos IgG frente a COVID-19?

COMENTARIoS AL ARTÍCULO. Por el Dr. JUAN JOSÉ GUTIÉRREZ CUEVAS

Son muchos los debates, discusiones, dudas y miedos que ha suscitado la posible inmunidad de los, cada vez más, afectados por el COVID-19. Algunos gobiernos incluso llegaron a proponer la inmunidad pasiva como uno de los mecanismos para frenar la transmisión del virus, pero… ¿Qué sabemos en realidad?

Una vez infectados, como mecanismo para “frenar” la acción del virus, el cuerpo pone en marcha la inmunidad, un complejo mecanismo, que entre muchas de sus acciones comienza a generar anticuerpos, las famosas Inmunoglubulinas (IG): en los primeros días, IgM y posteriormente, después de algunas semanas, IgG.

Infecciones más graves, parecen generar títulos más altos de IG, sin embargo el desarrollo de estas IG en el COVID-19 no siempre se asocia con mejoría clínica y de hecho en la mayoría de casos leves, el paciente presenta mejoría completa de los síntomas sin haber “dado tiempo” a generar la más precoz de estas IG, la IgM.

Se ha visto en el análisis del virus por detección PCR (reacción en cadena de la polimerasa), para muestras nasofaríngeas, que éstas se hacen negativas a medida que se desarrollan estas IG, pero esto no significa por sí mismo, que el paciente no sea contagioso. Aunque, parece razonable, que si el paciente se encuentra sin síntomas semanas después del inicio del cuadro, la presencia o ausencia de virus puede no tener implicaciones prácticas, respecto al contagio, aunque se necesitan más estudios.

Ahora bien, tener anticuerpos no significa que éstos sean útiles ni que duren para siempre. Algunos virus parecidos, como el de la gripe por ejemplo, no producen una inmunidad permanente.

Se sabe que en el caso de otros tipos de CORONAVIRUS, de la misma familia que el SARS-CoV2, los niveles de anticuerpos permanecen en sangre durante al menos 2 o 3 años y un estudio en primates observó como tras infectar a un pequeño grupo de ellos, una vez que éstos se recuperaron, se trató de volver a infectarlos a las 4 semanas, y sin embargo, no llegaron a presentar síntomas.

Por otro lado, algunos de los virus de esta familia sí que pueden llegar a originar una infección en un individuo que ya ha pasado la enfermedad y aunque en el caso del SARS-CoV2, aún no está demostrado, podría ocurrir teóricamente. Incluso, aunque tampoco está demostrado, no se puede descartar que individuos que se hayan recuperado puedan seguir siendo contagiosos, especialmente en caso de personas inmunodeprimidas.

Los test de detección de anticuerpos están cada vez más disponibles, pero es necesario determinar la capacidad que tienen éstos de detectar los anticuerpos, “como de buenos son” y hasta que esto no esté aclarado, probablemente sea pronto para indicar el test masivo poblacional; aún más si cabe, teniendo en cuenta que la baja prevalencia en algunas poblaciones, puede aumentar considerablemente el número de falsos positivos.

Si bien es cierto, que la poca evidencia disponible, parece indicar que la recuperación de la infección podría generar inmunidad, al menos a corto plazo; son necesarios grandes estudios, especialmente en personas recuperadas para confirmarlo; y sin lugar a dudas, en este momento, ninguna hipótesis puede ser desdeñada por completo.

 

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Limited Evidence, Many Remaining Questionso