23 enero, 2021

Crisis humanitaria en Tigray

A comienzos de noviembre de 2020, un miércoles de madrugada, el Primer Ministro de Etiopía y Premio Nobel de la Paz Abiy Ahmed Ali hizo un anuncio a través de su cuenta de Facebook que muchos consideraron una declaración de guerra. Dijo que el gobierno regional de Tigray (una provincia del norte del país fronteriza con Sudán y Eritrea) era culpable de “cruzar la línea roja” y que se había ordenado a las tropas etíopes tomar medidas. “Pido a los etíopes que mantengan la calma, estén en alerta máxima y respalden el esfuerzo militar”.

 

 

En este post de Facebook se acusó al Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), que es el partido político que gobierna en Tigray, de atacar al comando militar del ejército de Etiopía en el norte. El PM etíope en respuesta a esto dijo que ordenaba operaciones militares contra lo que él llamó “un grupo traidor”. A su vez, el TPLF acusó a la administración de Abiy de intentar destruir su derecho a la autodeterminación y de conspirar con Eritrea en la preparación de un ataque militar.

 

 

Desde entonces se han sucedido hasta el día de hoy enfrentamientos y ataques en diversas ciudades y pueblos de Tigray que han dejado más de 5.500 muertos. Se estima que esta cifra es muchísimo mayor ya que Tigray ahora mismo es como un agujero negro, apenas entra ni sale información de la zona debido a un bloqueo total de las comunicaciones. El apagón de internet y el bloqueo de las líneas telefónicas hacen que sea muy difícil conocer realmente todo lo que está ocurriendo en Tigray.

 

 

Los testimonios de los casi 60.000 refugiados que han huido de la violencia hacia Sudán ponen de manifiesto graves violaciones de los derechos humanos: masacres en diversas ciudades en las que se ataca deliberadamente a los civiles; saqueos de edificios, negocios, hospitales, lugares de culto y violencia sexual hacen de esto una terrible limpieza étnica y cultural que es invisible para la mayor parte del planeta, pero ya afecta a más de 20 millones de personas y que trasciende a las fronteras de Etiopía afectando a los países vecinos. Estos miles de refugiados tuvieron que abandonar sus hogares, familiares, amigos… de la noche a la mañana con lo puesto, sorteando cientos de cadáveres y siendo víctimas es su largo camino de huida a los saqueos y ataques. Una vez consiguen llegar a los campamentos de refugiados de Sudán (Um Rakouba y Village 8 en Gadaref), el alivio por sentirse más seguros rápidamente se disipa al ver las condiciones en las que van a tener que vivir. Aunque Sudán haya vuelto a demostrar una vez más su tradicional hospitalidad con las personas más necesitadas, es un país que se enfrenta a numerosos retos y que requiere urgentemente de la ayuda internacional para poder dar a los refugiados una asistencia de calidad ya que ahora mismo hay falta de alimentos, saneamiento e higiene lo que puede resultar en brotes de enfermedades infecciosas que se podrían cobrar la vida de muchísimas más personas.

 

 

La situación en Tigray es devastadora. Las organizaciones humanitarias tienen un acceso muy restringido y los casi 100.000 refugiados eritreos presentes en la zona se han quedado sin alimentos, sus campamentos de refugiados han sido destruidos y muchos han sido forzados a volver a Eritrea, lo que viola la Convención del Estatuto de los Refugiados

Además de las miles las vidas que ya se han perdido, millones están en riesgo de morir de hambre y sed y si se sigue sin escuchar y visibilizar esta llamada urgente de socorro de millones de personas no se podrán tomar medidas a tiempo para poder salvar vidas.

 

 

Más información:

 

‘Swift action’ needed in Tigray to save thousands at risk, UNHCR warns  | | UN News

Many Tigray refugees entering Sudan with nothing but their clothes: UNHCR  | | UN News

Survivors recount horrific details of Mai Kadra massacre | Human Rights News | Al Jazeera

Etiopía, masacre de cristianos en Tigray: defendían el Arca de la Alianza (aleteia.org)

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