Todo lo que comemos o bebemos requiere agua. De hecho, el 92% del agua que se consume diariamente es para producir alimentos. También darnos un baño, utilizar ropa y muchas otras de las actividades que realizamos a lo largo de nuestras rutinas diarias mantienen un precio en común que, aunque no lo parezca, se paga en agua.
La huella hídrica (concepto creado en 2002 por el Catedrático Arjen Y. Hoekstra) es un indicador medioambiental que sirve para estimar el volumen de agua dulce que se usa en la producción de bienes y servicios. Al sector agrícola se le atribuye un 70% del consumo de agua dulce total. En segundo lugar estaría la producción industrial, con un 20%. El restante 10% corresponde al agua dulce que se dedica para el consumo humano
Es un indicador geográficamente explícito, ya que no solo muestra el volumen de agua consumida y contaminada, sino también su ubicación. La huella hídrica de un producto en particular es el volumen de agua dulce utilizada para producirlo, medido en el lugar donde se llevó realmente a cabo la producción de dicho producto. Además, se trata de un concepto global, ya que la huella hídrica hace referencia a la cantidad de consumo de agua en varias etapas de la cadena de producción.
Según la Water Footprint Network, en el ranking de los 8 países con mayor huella hídrica quedaría así:
En estos últimos años, la extracción de agua del subsuelo se ha triplicado y ejercemos más presión sobre los recursos hídricos que nunca. Ahora, es un buen momento para tomar conciencia y buscar alternativas para disminuir nuestro impacto en el medio.
A pesar de que se trata de un problema global, las soluciones se encuentran en el ámbito local.
Puedes calcular tu propia huella hídrica utilizando esta sencilla calculadora.
Más información en Fundación Aquae

Fuente www.fundacionaquae.org
Una organización científica dedicada al estudio y control de las Enfermedades Infecciosas en el mundo, zoonosis emergentes y medicina tropical y del viajero.
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