12 julio, 2020

Quién fue Alexandra Dávid-Neel… 101 años de intensidad

Sobre todo fue una mujer libre. Feminista, anarquista, valiente. Librepensadora, mística, espiritual. Rompedora.

Aunque también soprano, pianista, compositora, escritora, exploradora, periodista, viajera, antropóloga … sobre todo conocida por su visita a Lhasa (1924), capital del Tíbet, entonces ciudad prohibida a los extranjeros tras recorrer 2.000 km a pie por el Himalaya. Hablaba pali, hindi y sánscrito.

Escribió más de 40 libros sobre religiones orientales, filosofía y sus viajes y numerosas cartas a su marido Philippe.

  • Elogio a la vida (Pour la vie, 1898) Un pequeño ensayo anarquista-feminista y toda una declaración de principios  “Que cada cual siga enteramente, siempre y en cualquier parte, el impulso de su naturaleza, ya sea esta limitada o genial. Solo entonces el hombre sabrá lo que es vivir, en lugar de despreciar la vida sin haberla vivido jamás”.
  • La India en que viví, en el que reniega del sistema de castas.
  • Viaje a Lhasa (1927) en el que relata su encuentro con el Dalái Lama en 1912 en la India y como esquelética, demacrada y vestida de mendiga, consiguió tras cuatro meses y 2.000 kilómetros a pie por el Himalaya en 1924 ser la primera mujer occidental en entrar en la capital del Tíbet.
  • Diario de viaje: cartas desde India, Tíbet y China

 

Túnez, Sri Lanka, India, Nepal, Japón, Corea … y de vuelta al Tíbet. Portada del Times, medalla de honor de la Sociedad Geográfica de París y legión de honor.

Orientalista, tibetóloga, nombrada lama tras vivir dos años y medio en el monasterio de Kumbum, en la región de Amdo. Influencer de la generación «beat» Jack Kerouac y Allen Ginsberg, así como del filósofo Alan Watts.

Viví en una caverna a 4.000 metros de altitud, medité, conocí la verdadera naturaleza de los elementos y me hice yogui. Cómo había cambiado mi vida, ahora mi casa era de piedra, no poseía nada y vivía de la caridad de los otros monjes»

A los 67 años se sacó el carné de conducir y organizó un nuevo viaje en el Transiberiano a China, que recorrió durante 10 años. A los 100 renovó el pasaporte. “Por si acaso”, aseguró. Murió a los 101 años en Samten Dzong, pero las cenizas de esta viajera incansable se esparcieron junto a las de Yongden su protegido, por el río Ganges.

101 años de intensidad, llenos de una insaciable necesidad de aventura.

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