El peligro de bañarse en pantanos, presas y embalses

Incluso nadadores expertos corren un gran riesgo cuando de manera inconsciente, se meten en ciertos lugares inocentes a primera vista. Es muy frecuente leer en los medios trágicas noticias de gente que decidió darse un baño en unas aguas tranquilas, y no salió de ellas.

Estas masas de agua que, generalmente, no se renuevan al carecer de un flujo constante (como sí ocurre en un río, que tiene otro tipo de problemas), están sometidas en su superficie a cambios de temperatura más rápidos que en las partes más profundas. Este fenómeno tan sencillo, provoca que el agua se «estratifique» según su temperatura: aguas más calientes arriba y aguas más frías abajo.

Si la temperatura del aire desciende, y a esto se le suma la entrada de viento, llega un momento en que el agua superficial está más fría que la de abajo, lo que genera un movimiento de aguas que tienden a regularizar la situación. Lo que origina que a pesar de que ver aguas tranquilas, por dentro hay una serie de procesos naturales no observables, que generan una serie de corrientes que pueden dar al traste con un agradable día de campo y de baño.

Además de esto, no siempre los fondos que pisamos son fiables. La acumulación de fangos con piedras, raíces y otros restos enterrados, pueden provocar tropezones, enganchones… que, igualmente, pueden provocar una tragedia. Las propias algas pueden engancharnos igualmente.

Si la masa de agua es un embalse, hay que tener en cuenta que, quizás, se abra alguna compuerta. Este fenómeno tan sencillo, provoca una serie de turbulencias y corrientes en la masa de agua que, igualmente, pueden ser muy peligrosas.

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