Tétanos en España en el siglo XXI.

Por Mar Faraco, Alfonso J. Rodriguez-Morales

 

A fecha de 20 de marzo de 2026, ha sido noticia en España el caso de un joven de 17 años que se encuentra hospitalizado en la UCI de un hospital catalán, en estado muy grave, por una infección por tétanos tras una caída. La enfermedad es fácilmente prevenible gracias a las vacunas, pero este menor no había sido inmunizado debido al rechazo familiar a las vacunas. El joven sufrió hace unas dos semanas una caída que requirió trasladarlo al hospital, donde fue atendido por una fractura y varias heridas. Tras esta asistencia, el menor regresó a su domicilio, donde inició la recuperación sin mayores problemas, hasta que empezó a presentar síntomas neurológicos significativos, característicos de la enfermedad.

 

El tétanos es una enfermedad infecciosa aguda causada por las esporas de la bacteria Clostridium tetani. Las esporas se encuentran en cualquier parte del medio ambiente, particularmente en el suelo, las cenizas, los intestinos y las heces de animales y humanos, y en la superficie de la piel y de herramientas oxidadas como clavos, agujas, alambre de púas, etc. Las esporas son muy resistentes al calor y a la mayoría de los antisépticos, y pueden sobrevivir durante años.

 

La enfermedad sigue siendo un importante problema de salud pública en muchas partes del mundo, especialmente en los países o distritos de ingresos bajos, donde la cobertura vacunal es baja, mientras que es excepcional en países donde las coberturas vacunales son elevadas, como es el caso de España.

 

El período de incubación del tétanos varía entre 3 y 21 días tras la infección. La mayoría de los casos ocurren en los 14 días siguientes, como se desprende de la información disponible en este caso. La enfermedad se inicia cuando las esporas de C. tetani que han ingresado a través de la herida contaminada liberan una exotoxina (tetanoespasmina) al degradarse las bacterias. La toxina entra en las terminaciones nerviosas periféricas, viaja en dirección retrógrada y alcanza el sistema nervioso central. Como consecuencia, se bloquea la liberación de los transmisores inhibidores en las terminaciones nerviosas, lo que provoca una estimulación muscular y espasticidad generalizada, con convulsiones tónicas intermitentes.

 

Los síntomas pueden incluir:

  • Calambres en la mandíbula o imposibilidad de abrir la boca (trismo).
  • Arqueamiento de la espalda (opistótonos).
  • Espasmos musculares súbitos y dolorosos, a menudo provocados por ruidos repentinos u otros estímulos.
  • Dificultad al tragar.
  • Dolor de cabeza.
  • Fiebre y sudoración.
  • Cambios en la tensión arterial o en la frecuencia cardíaca (inestabilidad del sistema nervioso simpático).

 

El tétanos tiene una alta tasa de mortalidad, aunque varía ampliamente según los recursos de tratamiento disponibles. Con el uso de cuidados de apoyo adecuados, incluida la ventilación mecánica, la mayoría de los pacientes se recuperan. Los principios generales para tratar un caso son: impedir la liberación de más toxina mediante el desbridamiento de la herida y la administración de antibióticos; neutralizar con inmunoglobulina antitetánica la toxina libre fuera del sistema nervioso central (la toxina unida no puede neutralizarse); y tratar los síntomas (habitación sin estímulos, fármacos para controlar los espasmos, ventilación mecánica, etc.). Se añade la vacunación con toxoide tetánico, con cuidado de inyectarlo en un sitio del cuerpo distinto al de la antitoxina. La infección por tétanos no confiere inmunidad, por lo que los pacientes deben recibir una serie completa de vacunación primaria antitetánica.

 

Prevención: El tétanos puede prevenirse mediante la inmunización con vacunas, incluidas en los programas de vacunación sistemática de todo el mundo. Para una protección de por vida, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda administrar 6 dosis: 3 primarias y 3 de refuerzo. La serie primaria debe comenzar con la primera dosis a las 6 semanas de edad y las siguientes a intervalos mínimos de 4 semanas.

 

Las coberturas vacunales en España

La cobertura de la primovacunación contra el tétanos en España se mantiene por encima del 95% desde hace al menos dos décadas, así como la de la mayoría del calendario infantil, aunque se detectan coberturas por debajo del 95% en vacunas como la Triple vírica con 2 dosis (93,7% en 2024). Las coberturas de vacunación en adultos, por el contrario, destacan por estar muy alejadas de los objetivos. El discurso negacionista presente entre la población española es testimonial: apenas un 2% de la población lo suscribe de forma absoluta, aunque existe un creciente rechazo selectivo a la vacunación de algunas vacunas.

 

El movimiento antivacunas

El movimiento antivacunas es definido por la OMS  como  “el  rechazo  a  la  vacuna  a  pesar  de  su  disponibilidad”. La reticencia a la vacunación se define como “la tardanza en aceptar vacunas seguras o el rechazo de dichas vacunas pese a la disponibilidad de los servicios de vacunación” . No es un fenómeno actual; ha acompañado a las campañas de vacunación desde sus inicios. En 1853 se crea la Liga Antivacunación y, en 1867, la Liga contra la vacunación obligatoria en Inglaterra. En Estados Unidos, en 1879 se crea la Sociedad Antivacunación de Estados Unidos; en 1882, la Liga contra la vacunación obligatoria de Nueva Inglaterra; y en 1885, la Liga Antivacunación.

 

En 2019, la OMS identificó la reticencia a la vacunación como una de las diez principales amenazas para la salud mundial, una que no ha hecho más que aumentar desde la pandemia de COVID-19. Aunque la COVID-19 ha tenido consecuencias importantes en las tasas de vacunación a nivel mundial, hay indicios de que en algunos países y para algunas enfermedades, la cobertura vacunal lleva tiempo estancada o incluso ha disminuido. En esta resistencia inciden factores como la desinformación, la complacencia, la comodidad y la confianza.

 

Diferentes estudios han estudiado el contenido de las páginas web de los movimientos antivacunas, agrupándolos en:

  1. Creencias religiosas, movimientos culturales: las vacunas suponen una ruptura con el equilibrio natural de las cosas, al considerarlas algo externo e innecesario. Volver a la naturaleza, sin interferir con la inmunidad natural que el contacto con diferentes patógenos podría conferir: vidas más sencillas y menos tecnológicas.
  2. Cuestiones filosóficas: la percepción de la obligatoriedad vacunal como una violación de los derechos individuales de las personas.
  3. Falta de eficacia: la disminución de la presencia de enfermedades infecciosas se ha logrado debido a factores ajenos a la vacunación, como las mejoras socioeconómicas.
  4. Riesgos y consecuencias de la vacunación: grupos que inciden en la seguridad vacunal, en la aparición de determinados efectos secundarios tras la aplicación de la vacuna.
  5. Negocio económico: se centra en el beneficio económico que la elaboración de las vacunas representa para el lobby farmacéutico. Aducen falta de ética, de transparencia e de interés.

La vacunación es una de las formas más rentables de prevenir enfermedades y actualmente evita entre 2 y 3 millones de muertes al año, pero es necesario restablecer la confianza en su eficacia y sus ventajas. Para hacer frente a la reticencia a la vacunación, debemos abordar sus causas fundamentales. Podemos recurrir al «modelo de las tres C», que sugiere maximizar la comodidad (facilitando el acceso a las vacunas) y minimizar la complacencia mediante una comunicación adecuada de los riesgos que conllevan las enfermedades. La tercera «C» es la confianza. Es fundamental que, para aumentar la confianza, combatamos la reticencia a la vacunación provocada por la desinformación.

 

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