Physalia Physalis (Carabela portuguesa)

La Carabela portuguesa o Physalia Physalis, llega a las costas generalmente por el efecto del viento, su picadura es muy dolorosa y puede tener consecuencias graves en determinadas personas, por lo que es importante saber identificarlas, no tocarlas, avisar a autoridades para que impidan el acercamiento a ellas hasta que sean retiradas de las playas, saber actuar en caso de picadura y en caso de complicación acudir a un centro sanitario.

 

 

Descripción: Del reino Animalia, filo Cnidaria, clase Hydrozoa, orden Siphonophora, familia Physaliidae, género Physalia, especie Physalis.

 

Su principal denominación deriva de su parecido con un barco de guerra portugués muy común durante el siglo XVIII. También se la denomina fragata portuguesa, botella azul, agua mala o falsa medusa. Su apariencia parecida a una medusa hace que se confunda con ella.

 

La Carabela Portuguesa o Physalia physalis está formada por un conjunto de microorganismos que forman una colonia actuando cada componente de forma especializada para su supervivencia mediante la obtención de alimento y protección. Se compone de 4 tipos de pólipos o partes especializadas:

 

– Neumatóforo: le proporciona la capacidad para flotar debido a la mezcla de gases (como el argón, o principalmente nitrógeno y oxígeno) que contiene en su interior. Tiene forma de vela de color azul, morado o rosado, que sostiene al resto de la colonia. Puede medir de 15 a 30 centímetros. La acción del viento y las corrientes marinas sobre esta estructura permiten su movimiento que puede llegar a ser hasta de unos 20 metros por segundo.

– Dactilozoides: tentáculos que emergen desde un lado del neumatóforo. Suelen medir unos 10 metros pero pueden llegar hasta 30-50 metros e incluso de mayor longitud se han podido ver en alta mar. Son largos, delgados y pueden girar sobre sí mismos. Están cubiertos por células microscópicas especiales llamadas cnidocitos que ante determinados estímulos pueden liberar un filamento hueco con forma de espiral llamado nematocisto, que libera una toxina utilizada para paralizar y capturar a sus presas. Los nematocistos pueden conservar su efecto venenoso durante semanas o meses si las condiciones son favorables. El veneno está formado por varios péptidos termolábiles que se destruyen al alcanzar una temperatura elevada.

– Gastrozoides: pólipos encargados de digerir los alimentos mediante enzimas digestivas.

– Gonozoides: pólipos encargados de la reproducción mediante la producción de gametos.

 

Suele vivir en aguas cálidas en regiones tropicales y subtropicales del océano Pacífico e Índico y en la corriente del Golfo del Atlántico Norte. Los temporales de viento, el cambio climático, así como la pérdida indiscriminada de uno de sus principales depredadores, la tortuga boba, hacen que muchas de ellas lleguen a las costas.

 

Se suele visualizar su parte colorida gelatinosa exterior, flotando sobre el mar, y sus numerosos tentáculos que cuelgan del cuerpo central quedan sumergidos hacia la profundidad, para poder capturar y envolver a sus presas y como defensa frente a los depredadores.

 

Muchas veces se ven formando grandes grupos en el mar. Algunos animales como los peces payaso, que no son afectados por su veneno, aprovechan estas situaciones para protegerse situándose entre sus tentáculos, aislándose así de otros depredadores y su presencia atrae a otros peces que le sirven de alimento a Physalia Physalis.

 

Es una especie carnívora que consume mayoritariamente pequeños peces, pero también plancton, camarones y otros pequeños crustáceos.

 

Pocos pero algunos animales son sus depredadores naturales y la incorporan a su dieta como: la tortuga caguama o boba (Caretta caretta), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), el pulpo manta, la babosa de mar (Glaucus atlanticus), el caracol Janthina janthina y el pez luna (Mola mola). Ante la presencia de estos organismos, la carabela es capaz de desinflar «su bolsa» exterior cayendo hacia el fondo del mar para ocultarse.

 

Síntomas y signos que puede producir la picadura: Su picadura produce principalmente afectación local en la zona que ha contactado con los tentáculos y dolor que puede ser muy intenso. Produce inflamación y edema inmediatamente tras el contacto, con la aparición progresiva de pápulas, vesículas, ampollas y posible descamación. Pueden aparecer sensación de entumecimiento, debilidad, espasmos, dolor muscular, taquicardia, sudoración. También puede producir una mancha roja en relieve sobre la piel, ulceración, necrosis e infección de la herida, con posterior aparición de cicatrices pigmentadas y queloides (crecimiento desproporcionado del tejido cicatricial). Estas complicaciones no se suelen presentar tras la picadura de una medusa convencional. Es frecuente la aparición de dolores fuertes abdominales, nauseas, vómitos y cefalea.

 

De manera excepcional puede causar afectación sistémica por el potencial para generar reacciones de hipersensibilidad que tienen sus toxinas. Se debe tener especial cuidado en personas alérgicas, niños, embarazadas, personas mayores o con otras enfermedades o problemas de salud que les hagan más vulnerables a los efectos de las toxinas. La muerte como consecuencia de la picadura de la carabela portuguesa es muy infrecuente.

 

Se recomienda no tocarla aunque esté muerta porque pueden aparecer síntomas tras el contacto hasta semanas o meses después debido a la conservación del veneno en los cnidoblastos. Si se observa su presencia en la playa o lugares cercanos a ella, es importante colocar una zona de seguridad alrededor para evitar el acercamiento.

 

 

Actuación tras una picadura:

 

Sacar del agua a la persona que haya podido sufrir la picadura y buscar asistencia sanitaria. En personas alérgicas, niños, embarazadas, personas mayores o con enfermedades importantes que puedan complicar la evolución de los efectos de las toxinas tras la picadura, acudir lo antes posible a un centro médico y vigilar con especial atención la vía aérea, el pulso y el estado del paciente.

 

Lavar la zona con suero fisiológico o agua salada. No lavar nunca con agua dulce ni vinagre, ni soluciones de amoniaco, porque facilitan la absorción de las toxinas.

 

Retirar con unas pinzas, y preferiblemente utilizando guantes de plástico o goma, los restos de tentáculos que queden adheridos. Nunca tocar directamente con las manos para evitar el contacto con las toxinas.

 

No frotar la zona con arena ni con la toalla, ni exponerla al sol.

 

La aplicación de hielo puede aliviar el dolor y la inflamación, pero hay que tener la precaución de hacerlo dentro de una bolsa para evitar el contacto con el agua dulce.

 

Las soluciones de bicarbonato de sodio y de lidocaína, además de efecto anestésico, pueden evitar la descarga de las toxinas. Además la lidocaína puede ayudar con el control del dolor.

 

La toma de analgésicos puede ser útil porque el dolor puede llegar a ser muy intenso.

 

Si hay afectación de los ojos, lavar con abundante cantidad de suero fisiológico durante al menos 15 minutos y acudir a un centro sanitario.

 

Si los síntomas empeoran se debe acudir al centro sanitario para que se pueda valorar si es necesario utilizar cremas con corticoides, así como el vendaje de la zona y la prescripción de antihistamínicos u otras medidas.

 

Galería de imágenes

 

 

Enlaces y bibliografía relacionada:

 

 

Revisado por Dr. Terín Beca (Mayo 2018)

¿Quieres recibir nuestro boletín?

Te enviaremos un boletín mensual con un resumen de publicaciones sobre salud y viajes. De vez en cuando también te avisaremos sobre algún evento en el que participemos. Solemos ser breves y nuestros emails molan. 

¡Gracias por suscribirte!