Las Islas Vírgenes Americanas fueron colonizadas inicialmente por pueblos indígenas, como los taínos y caribes, antes de la llegada de exploradores europeos en el siglo XV. Los daneses colonizaron la región en el siglo XVII, estableciendo plantaciones de caña de azúcar que dependían del trabajo esclavo africano. En 1917, durante la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos adquirieron el territorio de Dinamarca para asegurar una posición estratégica en el Caribe. Esta transferencia dio inicio a la influencia cultural y económica de los Estados Unidos, aunque muchos aspectos del legado danés permanecen, incluyendo fuertes históricos y edificios coloniales en Charlotte Amalie.
Los residentes de las Islas Vírgenes Americanas son ciudadanos estadounidenses desde 1927, cuando el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley de Ciudadanía. Aunque poseen la ciudadanía, no tienen derecho a votar en las elecciones presidenciales a menos que residan en uno de los cincuenta estados o en el Distrito de Columbia. A nivel local, el territorio cuenta con un gobierno autónomo con una Constitución propia para asuntos internos, aunque sigue estando sujeto a la autoridad del Congreso de los Estados Unidos bajo la Cláusula Territorial. Esto significa que el Congreso retiene poderes plenos sobre el territorio, y cualquier legislación o derecho local puede ser modificado o revocado por el gobierno federal.